El reto hombre contra máquina vuelve de nuevo. Después de que hace aproximadamente un año las máquinas ya demostraran su superioridad, en estos días se está desarrollando el Word Chess Challenge en Bonn. Esta vez el actual campeón del mundo de ajedrez, Vladimir Kramnik, se enfrenta a Deep Fritz.
Mientras escribo este post se está dispotando la cuarta partida de las 6 planificadas inicialmente. Las partidas se pueden seguir en directo desde aquí. Después tres partidas disputadas, el resultado es 2-1 a favor de Deep Fritz, con lo que a la máquina le basta con empatar todas las partidas que quedan para ganar el encuentro.
Me llama mucho la atención el apartado de reglas, en las que se especifica que Kramnik puede aplazar la partida tras jugar 6 horas o si se llega al movimiento 56, y es que claro el ordenanor no se suele cansar mucho (eso sí, en las reglas se contempla hasta la posibildad de un fallo de hardware). Destacar que Kramnik ha dispuesto, desde el 1 de octubre de este año, de la versión de Fritz con la que se está enfrentando en estos momentos.
Como anecdota final, comentar que me parece alucinante que todo un campeón del mundo de ajedrez pueda cometer un error garrafal que le haga perder una partida (tras el movimiento de Kramnik, Deep Fritz hizo mate en un movimiento). De hecho en muchas páginas se habla de que tuvo un ataque agudo de ceguera ajedrecística, un termino que no conocía pero que me resulta muy familiar :)

















Creo que no se ha demostrado la “superioridad” de las máquinas sobre los humanos.
Hay que tener cuidado con los enunciados que se utilizan porque, en terrenos de lógica, cualquier imprecisión invalida las proposiciones, y, en este campo, no solo hay que jugar con la sintaxis, sino con la semántica, la pragmática y la física.
Lo que sí se ha producido es una serie de “victorias” de unas determinadas máquinas sobre unos expertos humanos en un juego lógico, con una sintaxis rígida -compleja, pero rígida-, aunque tremendamente pobre en los planos semántico y pragmático.
Si no fuese así, estarían, por ejemplo, solucionados todos los problemas relativos a la comprensión del lenguaje y a la traducción entre lenguas, y me temo que el primero está en mantillas.
Añadamos a esto el desconocimiento del funcionamiento general del sujeto, no ya humano, sino, por ejemplo, de cualquier mamífero, sumado a la complejidad de una simple neurona. Evidentemente, los remedos basados en silicio son, en comparación, meras caricaturas.
Resumiendo, hoy por hoy, no es posible no ya el dictamen, sino la mera “comparación” entre el intelecto humano y el pseudointelecto de las máquinas por la sencilla razón de que son inconmensurables: si no se conocen los procesos (y los humanos no se conocen), ¿qué se puede comparar?
Sí es posible la comparación entre los resultados en determinadas operaciones y la evidente superioridad de las máquinas en esas operaciones, pero para eso no hace falta irse a Deep Fritz.
Por lo demás, no cabe duda de que estos juegos son interesantes: estimulan la imaginación, ayudan a perfilar la lógica que los humanos implementan en las máquinas y, hasta cierto punto, pueden servir para ayudar a desentrañar determinados procesos internos de los sujetos humanos, aunque sólo en un plano puramente esquemático.
Por lo que he leído, el tablero tiene un sistema para que el operador no tenga que introducirle el movimiento a fritz, sino que tal como se mueve la pieza llega la información al ordendor. Al parecer, cuando kramnik hizo el movimiento estrella y fritz indicó que hacía jaque mate, el operador se quedó green porque estaba convencido de que había habido algún problema con el sistema para transmitirle el movimiento a fritz. Tuvo que pasar su vista del tablero a la pantalla varias veces antes de convencerse de lo que había pasado.
Evidentemente, ese tipo de fallos jamás los cometería una máquina jugando al ajedrez y la única forma de ganar es hacerlo desde los primeros movimientos, con estrategias de muchísima profundidad.